Cuando el cielo gobierna la tierra

Publicado el 19 de octubre de 2026, 2:40

«Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó». — Mateo 11:25-26

En el pasaje de hoy encontramos a Jesús regocijándose en la soberanía de Su Padre. Mientras muchos no reconocían quién era Él, Jesús alababa a Dios porque Sus propósitos se estaban cumpliendo conforme a Su voluntad. La tierra parecía estar fuera de sintonía con el cielo, pero el cielo no había perdido el control… Dios seguía reinando.

Esta verdad me recuerda la historia de George F. Händel y la composición de El Mesías, una de sus obras más célebres. En 1741, a sus 56 años, Händel atravesaba una etapa de desesperación y dificultades. Su situación parecía no tener salida. Sin embargo, recibió el libreto que Charles Jennens había preparado a partir de las Escrituras. Al leerlo, las palabras bíblicas comenzaron a resonar profundamente en su interior. Se levantó y se entregó a la composición con tal intensidad que, en apenas unas semanas, terminó aquella extraordinaria obra musical. Según el relato, cuando algunos amigos entraron a verlo, encontraron partituras esparcidas por todas partes y lágrimas en su rostro. Händel les dijo que creía haber visto todo el cielo ante él y al mismísimo Dios. Una de las partes más conocidas de El Mesías es el coro del aleluya, inspirado en la alabanza celestial descrita en Apocalipsis 19:6: «¡Aleluya! Porque el Señor Dios Todopoderoso reina». La alabanza de los ángeles no es una expresión vacía de entusiasmo. Tiene una razón gloriosa: Dios Todopoderoso reina. Él está sentado en Su trono y gobierna conforme a Su voluntad. Apocalipsis 11:15 anuncia también que los reinos del mundo vendrán a ser de nuestro Señor y de Su Cristo, y que Él reinará por los siglos de los siglos. ¡Qué gloriosa perspectiva! Llegará el día en que el gobierno de Dios se manifestará plenamente en la tierra, y toda la creación reconocerá la autoridad de nuestro Señor.

Esta es la realidad que debe sostener nuestra fe. Aunque las circunstancias parezcan confusas, aunque los acontecimientos nos desconcierten y aunque muchas personas rechacen a Cristo, Dios no ha dejado de reinar. Su voluntad no está frustrada ni Sus propósitos han quedado en manos de los hombres. Él sigue gobernando, incluso cuando no alcanzamos a comprender lo que está haciendo. Pero ¿cómo respondió Jesús ante esta soberanía? No con resignación, frustración ni amargura, sino con alabanza: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra». Jesús se regocijó en la voluntad de Su Padre, reconociendo que Él es el Señor de todo y que Sus determinaciones son buenas.

¿Podemos nosotros regocijarnos de esa misma manera? ¿Podemos mirar más allá de las circunstancias presentes y descansar en el hecho de que Dios está en Su trono? Nuestra alabanza no debe depender de que todo suceda como esperamos. Debe estar arraigada en quién es Dios: el Señor del cielo y de la tierra, cuyo gobierno permanece firme aun cuando el mundo parezca estar fuera de sintonía con el cielo. Al contemplar esta verdad, que nuestro corazón se una a la alabanza celestial. No podemos componer como Händel, pero sí podemos aprender a contemplar la grandeza de Dios y a regocijarnos en Su soberanía. El Señor Todopoderoso reina; por eso, aun en medio de la incertidumbre, tenemos razón para alabarlo.

Oración: Padre celestial, Tú eres el Señor del cielo y de la tierra, y Tu gobierno permanece firme por encima de todas las circunstancias. Perdóname cuando permito que la confusión de este mundo debilite mi confianza en Ti. Enséñame a regocijarme en Tu soberanía, como lo hizo Jesús, y a alabarte no solo por lo que haces, sino también por quien eres. Ayúdame a vivir con la mirada puesta en el día en que Tu reinado se manifestará plenamente y toda la creación reconocerá la gloria de Tu Hijo. Que mi corazón encuentre descanso y gozo en la certeza de que Tú reinas por los siglos de los siglos. En el nombre de Jesús. Amén.

Para tu estudio personal:

  1. Según Apocalipsis 19:6, ¿cuál es la razón de la alabanza celestial?
  2. ¿Qué circunstancias de tu vida te hacen perder de vista que Dios sigue reinando?
  3. ¿Tu alabanza depende de que las cosas sucedan como esperas, o descansa en el carácter y la soberanía de Dios?
  4. ¿Qué puedes hacer hoy para cultivar una actitud de gratitud y confianza en el gobierno del Señor?
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