«Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó». — Mateo 11:25-26
En el pasaje de hoy encontramos a Jesús regocijándose en la soberanía de Su Padre. Mientras muchos no reconocían quién era Él, Jesús alababa a Dios porque Sus propósitos se estaban cumpliendo conforme a Su voluntad. La tierra parecía estar fuera de sintonía con el cielo, pero el cielo no había perdido el control… Dios seguía reinando.
Esta verdad me recuerda la historia de George F. Händel y la composición de El Mesías, una de sus obras más célebres. En 1741, a sus 56 años, Händel atravesaba una etapa de desesperación y dificultades. Su situación parecía no tener salida. Sin embargo, recibió el libreto que Charles Jennens había preparado a partir de las Escrituras. Al leerlo, las palabras bíblicas comenzaron a resonar profundamente en su interior. Se levantó y se entregó a la composición con tal intensidad que, en apenas unas semanas, terminó aquella extraordinaria obra musical. Según el relato, cuando algunos amigos entraron a verlo, encontraron partituras esparcidas por todas partes y lágrimas en su rostro. Händel les dijo que creía haber visto todo el cielo ante él y al mismísimo Dios. Una de las partes más conocidas de El Mesías es el coro del aleluya, inspirado en la alabanza celestial descrita en Apocalipsis 19:6: «¡Aleluya! Porque el Señor Dios Todopoderoso reina». La alabanza de los ángeles no es una expresión vacía de entusiasmo. Tiene una razón gloriosa: Dios Todopoderoso reina. Él está sentado en Su trono y gobierna conforme a Su voluntad. Apocalipsis 11:15 anuncia también que los reinos del mundo vendrán a ser de nuestro Señor y de Su Cristo, y que Él reinará por los siglos de los siglos. ¡Qué gloriosa perspectiva! Llegará el día en que el gobierno de Dios se manifestará plenamente en la tierra, y toda la creación reconocerá la autoridad de nuestro Señor.
Esta es la realidad que debe sostener nuestra fe. Aunque las circunstancias parezcan confusas, aunque los acontecimientos nos desconcierten y aunque muchas personas rechacen a Cristo, Dios no ha dejado de reinar. Su voluntad no está frustrada ni Sus propósitos han quedado en manos de los hombres. Él sigue gobernando, incluso cuando no alcanzamos a comprender lo que está haciendo. Pero ¿cómo respondió Jesús ante esta soberanía? No con resignación, frustración ni amargura, sino con alabanza: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra». Jesús se regocijó en la voluntad de Su Padre, reconociendo que Él es el Señor de todo y que Sus determinaciones son buenas.
¿Podemos nosotros regocijarnos de esa misma manera? ¿Podemos mirar más allá de las circunstancias presentes y descansar en el hecho de que Dios está en Su trono? Nuestra alabanza no debe depender de que todo suceda como esperamos. Debe estar arraigada en quién es Dios: el Señor del cielo y de la tierra, cuyo gobierno permanece firme aun cuando el mundo parezca estar fuera de sintonía con el cielo. Al contemplar esta verdad, que nuestro corazón se una a la alabanza celestial. No podemos componer como Händel, pero sí podemos aprender a contemplar la grandeza de Dios y a regocijarnos en Su soberanía. El Señor Todopoderoso reina; por eso, aun en medio de la incertidumbre, tenemos razón para alabarlo.
Oración: Padre celestial, Tú eres el Señor del cielo y de la tierra, y Tu gobierno permanece firme por encima de todas las circunstancias. Perdóname cuando permito que la confusión de este mundo debilite mi confianza en Ti. Enséñame a regocijarme en Tu soberanía, como lo hizo Jesús, y a alabarte no solo por lo que haces, sino también por quien eres. Ayúdame a vivir con la mirada puesta en el día en que Tu reinado se manifestará plenamente y toda la creación reconocerá la gloria de Tu Hijo. Que mi corazón encuentre descanso y gozo en la certeza de que Tú reinas por los siglos de los siglos. En el nombre de Jesús. Amén.
Para tu estudio personal:
- Según Apocalipsis 19:6, ¿cuál es la razón de la alabanza celestial?
- ¿Qué circunstancias de tu vida te hacen perder de vista que Dios sigue reinando?
- ¿Tu alabanza depende de que las cosas sucedan como esperas, o descansa en el carácter y la soberanía de Dios?
- ¿Qué puedes hacer hoy para cultivar una actitud de gratitud y confianza en el gobierno del Señor?
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