En las manos de Cristo, nada se pierde

Publicado el 24 de octubre de 2026, 2:37

«Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar». — Mateo 11:27

En el centro del universo hay un trono. Apocalipsis 4 nos presenta a Dios sentado en él, reinando con autoridad sobre todas las cosas. Ahora bien, ¿quién gobierna los acontecimientos de este mundo turbulento? Cuando vemos violencia, hambre, sufrimiento y muerte, podemos preguntarnos si existe alguien que tenga el control. Jesús nos recuerda que el mismo Señor que gobierna los cielos también gobierna la tierra. Aunque no comprendamos todo lo que sucede, no estamos a merced del caos. Hay un Dios sentado en Su trono, y Cristo alaba al Padre precisamente por Su soberanía. Nosotros también podemos aprender a decir: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra» (Mateo 11:25). En versículo de hoy, Jesús profundiza esta verdad con una declaración extraordinaria: «Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre». No se trata de una afirmación que cualquier persona pudiera hacer a la ligera. Jesús está declarando que el Padre le ha confiado toda autoridad. Y esto solo puede comprenderse plenamente al reconocer quién es Él: Él es el Hijo de Dios, que comparte la gloria divina y ejerce legítimamente el dominio que el Padre le ha dado.

Esto me hace recordar la tentación de Jesús. El diablo le mostró los reinos del mundo y le ofreció su autoridad y gloria. Pero Satanás no es el dueño soberano de la creación. Aunque ejerce una influencia real en este mundo caído, su poder es limitado y temporal. La tierra y todo lo que hay en ella pertenecen al Señor, como declara el Salmo 24:1. Jesús recibiría el dominio, pero no mediante la oferta engañosa del diablo: lo recibiría de Su Padre. Por eso, no debemos dejarnos seducir por las promesas del enemigo. No puede ofrecernos lo que nunca le ha pertenecido de manera absoluta. ¿Qué significa, entonces, que todas las cosas le hayan sido entregadas a Cristo? Su autoridad abarca todo. Después de Su resurrección, Jesús declaró: «Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra» (Mateo 28:18). Efesios 1:22 afirma que Dios sometió todas las cosas bajo Sus pies y lo constituyó cabeza sobre todas las cosas para la Iglesia. Cristo tiene autoridad para perdonar pecados, como enseñó en Mateo 9:6; también tiene autoridad para juzgar, pues el Padre le ha confiado todo juicio (Juan 5:22). Y Su reinado no terminará hasta que haya vencido a todos Sus enemigos, incluida la muerte, como enseña 1 Corintios 15:24-26.

Sin embargo, hay algo especialmente precioso en esta verdad: el Padre también ha confiado personas a Su Hijo. En el Evangelio de Juan encontramos una y otra vez esta enseñanza. Jesús declara que todos los que el Padre le da vendrán a Él, y no echará fuera a quien se acerque a Él. Además, afirma que no perderá a ninguno de los que le han sido confiados, sino que los resucitará en el día postrero (Juan 6:37-39). En Juan 10:27-30, Jesús compara a los Suyos con ovejas que escuchan Su voz y le siguen. Él les da vida eterna, y nadie puede arrebatarlas de Su mano. Su seguridad no descansa en la fuerza de nuestras manos, sino en el poder de las Suyas y en la fidelidad del Padre. En Su oración sacerdotal, Jesús también reconoce que el Padre le ha dado autoridad sobre toda la humanidad para conceder vida eterna a quienes le ha entregado (Juan 17:1-2). Detengámonos a considerar lo que esto significa. Si perteneces a Cristo, tu salvación no depende de que seas capaz de sostenerte por tus propias fuerzas. El Padre te ha confiado al Hijo, y el Hijo no trata esa responsabilidad con indiferencia. Cristo dio Su vida para salvar a Su pueblo, intercede por los Suyos y los guardará hasta el final. No significa que nunca sufrirás, que jamás tendrás dudas o que estarás libre de pruebas. Significa que ninguna de esas cosas puede frustrar el propósito salvador de Dios para quienes están en Cristo.

Por eso, cuando mires el mundo y te sientas abrumado por sus conflictos, recuerda Quién está en el trono. Y cuando tu propia debilidad te haga temer por tu salvación, recuerda Quién sostiene tu vida. El Señor del cielo y de la tierra es también el Salvador que ha recibido autoridad para guardar a los Suyos. Tu esperanza no descansa en tu capacidad de aferrarte a Cristo, sino en la fidelidad de Cristo para no perder a quienes el Padre le ha confiado.

Oración: Padre celestial, te alabo porque eres el Señor del cielo y de la tierra, y porque has entregado toda autoridad a Tu Hijo. Cuando el sufrimiento y la incertidumbre de este mundo despierten temor en mi corazón, ayúdame a recordar que Tú sigues reinando. Gracias porque en Cristo encuentro perdón, misericordia y una esperanza segura. Cuando me sienta débil, recuérdame que mi salvación descansa en Tu poder y en la fidelidad de mi Salvador. Enséñame a vivir confiado en Sus manos, a rechazar las promesas engañosas del pecado y a honrar a Cristo como Rey de toda mi vida. Amén.

Para tu estudio personal:

  1. Según Juan 6:37-40 y Juan 10:27-30, ¿qué razones tienes para confiar en que Cristo guardará a los Suyos?
  2. ¿En qué aspectos de tu vida estás confiando más en tus propias fuerzas que en la fidelidad del Señor?
  3. ¿Qué decisión concreta puedes tomar esta semana para vivir con mayor confianza en el gobierno de Cristo?
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Comentarios

SIRLEY
hace un día

Gracias Dios por qué nos recuerdas cada día de que solo dependemos de ti y que tu tienes el control de todas las cosas amen 🙏