La autoridad del Señor del reposo

Publicado el 7 de noviembre de 2026, 3:44

«El Hijo del Hombre es Señor del día de reposo» — Mateo 12:8

Cuando los fariseos acusan a los discípulos de Jesús de hacer lo que no era lícito en sábado, Jesús no acepta su interpretación. Sus discípulos tenían hambre y, al pasar por un campo de trigo, arrancaron algunas espigas, las frotaron con las manos para separar el grano de la cáscara y comieron. No estaban robando: la Escritura permitía que una persona tomara espigas del campo para satisfacer su hambre. Sin embargo, los fariseos consideraban que arrancar, frotar y separar el grano equivalía a cosechar, trillar y aventar. Así construyeron una acusación contra Jesús, a quien responsabilizaban por la conducta de Sus discípulos.

La respuesta de Jesús es importante porque nos muestra dónde debemos buscar dirección cuando surgen controversias: en la Palabra de Dios. Dos veces les pregunta: «¿No habéis leído?». Los fariseos conocían las Escrituras y las estudiaban cuidadosamente, pero no comprendían plenamente lo que leían. Su problema no era la falta de conocimiento de las reglas, sino que habían perdido de vista el sentido de la Palabra. Jesús nos deja aquí un principio fundamental: las Escrituras son suficientes para orientarnos en los asuntos que Dios ha querido enseñarnos. Con frecuencia, la iglesia actúa como si la Biblia no bastara. Cuando se habla del crecimiento de la iglesia, algunos piensan que la predicación y la exposición de las Escrituras no son suficientes y buscan programas llamativos o entretenimiento. En la consejería, otros recurren a la psicología popular y a libros de moda, en lugar de acudir a la Palabra de Dios. Pero Jesús no trata la Escritura como insuficiente. Él encuentra en ella la respuesta.

En Su defensa, Jesús recurre a distintos niveles de enseñanza bíblica: los preceptos, es decir, los mandamientos expresos; los principios, que son verdades teológicas desarrolladas a través de las Escrituras; y los patrones, que encontramos en los ejemplos de personajes bíblicos. De esta manera, demuestra que la cuestión no puede resolverse mediante una lista de prohibiciones humanas, sino comprendiendo la enseñanza completa de la Palabra. Primero, Jesús recuerda lo que hizo David cuando huía de Saúl. Antes de llegar a ser rey, David y sus hombres tuvieron hambre y comieron el pan consagrado que estaba destinado a los sacerdotes. Jesús presenta este ejemplo para mostrar que la situación y la identidad de quien sería el futuro rey daban sentido a lo ocurrido. Si David recibió aquel pan en esas circunstancias, ¿cuánto más podían Sus discípulos tomar unas espigas para alimentarse, cuando la ley no prohibía expresamente hacerlo?

Después, Jesús habla de los sacerdotes. Ellos tenían que ofrecer sacrificios en shabat, conforme al mandamiento de Dios. Era un trabajo, pero no eran culpables por realizarlo. La misma ley que establecía el reposo también contemplaba el servicio que los sacerdotes debían llevar a cabo. Por tanto, los fariseos no estaban considerando correctamente las prioridades de la propia ley. Jesús también les recuerda las palabras del profeta Oseas: «Misericordia quiero, y no sacrificio». Los líderes religiosos estaban tan concentrados en sus regulaciones que habían dejado de lado la misericordia. Pero hacer el bien, alimentar al hambriento y atender a una persona necesitada no contradice el propósito de Dios. La justicia, la misericordia y la fidelidad tienen un lugar esencial en la obediencia que Dios demanda.

Finalmente, Jesús lleva el argumento a su punto decisivo. No se limita a presentar ejemplos de David, de los sacerdotes o de los profetas. Él es mayor que David, mayor que el templo, mayor que los sacerdotes y mayor que los profetas. Es la Palabra de Dios encarnada. Por eso declara: «El Hijo del Hombre es Señor del día de reposo». Su autoridad no depende de la aprobación de los fariseos. Él es el Señor del reposo y tiene autoridad para establecer lo que corresponde a ese día. El conflicto, entonces, no era simplemente una discusión sobre lo que se podía hacer en shabat. Era un enfrentamiento con la autoridad de Jesús. Él no estaba sometido a las interpretaciones humanas de los fariseos. Como Señor del día de reposo, tenía la autoridad suprema para revelar su verdadero propósito.

Oración: Señor, ayúdanos a someternos a Tu Palabra y a reconocer que ella es suficiente para guiarnos. Líbranos de poner nuestras propias reglas por encima de lo que Tú has establecido. Danos entendimiento para leer las Escrituras con humildad y discernir sus preceptos, principios y enseñanzas. Que no descuidemos la misericordia mientras procuramos obedecerte. Enséñanos a reconocer la autoridad de Cristo como Señor del reposo y a someternos a Su señorío. Amén.

Para tu estudio personal:

  1. ¿Qué nos enseña la pregunta de Jesús «¿No habéis leído?» acerca de la importancia de comprender las Escrituras?
  2. ¿Estoy confiando en la suficiencia de las Escrituras para orientar mi vida y mi servicio, o buscamos otras respuestas antes de acudir a ellas?
  3. ¿De qué manera podemos estar dando más importancia al cumplimiento externo de las reglas que a la misericordia hacia quienes necesitan ayuda?
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Comentarios

Yamileth
hace 4 horas

Amén 🙏🏼