“Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo” Mateo 4:1
Comprendemos que todos somos tentados y que la lucha contra el pecado es parte de nuestra vida diaria. En lo profundo de nuestra experiencia, sentimos esa atracción hacia lo malo; sin embargo, Jesús no fue llevado al desierto para experimentar la tentación como quien cede ante ella, sino para revelar la fidelidad de Dios y la potencia de Su Espíritu obrando en medio de la fragilidad humana.
Me detengo entonces a preguntarme: ¿Por qué debía someterse Jesús a la tentación? ¿Qué significado tiene para Él vencerla? La carta a los Hebreos hace posible que podamos verlo con claridad: era necesario que Él fuese tentado en todo para poder ser ese sumo sacerdote misericordioso y fiel en el servicio de Dios; capaz de entender nuestras debilidades porque fue tentado en todo según nuestra semejanza… y porque Él mismo sufrió siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados (Hebreos 4:15). Él sabe lo que es ser tentado, Jesús soportó el ciento por ciento de cada tentación que se presentó, la enfrentó en toda Su pureza y santidad, y la venció. Él es, de hecho, el hombre más tentado que jamás haya vivido, más tentado que cualquiera de nosotros. Su pureza es la fuerza que extingue el poder de la tentación en nuestras vidas.
Desde la perspectiva de Lucas en Su evangelio él nos dice que Jesús, lleno del Espíritu Santo, fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado; y luego, regresó a Galilea en el poder del Espíritu (Lucas 4:1-14) ¿No es esto una motivación para nuestra vida devocional? Si Jesús entró y salió del desierto bajo la plenitud del Espíritu, ¿por qué dudamos de poder salir victoriosos en nuestros momentos de prueba con el Espíritu Santo obrando en nosotros? Este es el don práctico que Dios nos ha concedido para resistir la tentación: el Espíritu que habita en nosotros no se apaga ante la dificultad, sino que nos fortalece, guía y sostiene. Iglesia no estamos condenados a ceder, no cuando se nos ha dado poder para vivir en fidelidad (Hechos 1:8).
En este marco, la tentación no es un simple obstáculo, sino un medio para mostrar la fidelidad de Cristo y para forjar, en nosotros, una dependencia cada vez más profunda del Espíritu Santo. En Su victoria, Jesús nos ha provisto de un camino hacia la santidad que consiste en: reconocer nuestra debilidad, acudir a la gracia que se manifiesta en Él y permitir que el Espíritu transforme nuestra lucha en una experiencia que manifieste el señorío de Cristo en nuestras vidas. Oh Señor que mi devoción diaria se incline hacia esa realidad al depender del Espíritu para ser fortalecido, al recordar que Cristo comprende y se compadece de mi debilidad y, que, a la luz de Su triunfo, pueda rendir toda mi vida en obediencia al Único Dios Verdadero, para que Su gracia sea suficiente para mí en toda prueba.
Oración: Señor Dios, levantamos nuestra voz una vez más porque en Tu misericordia nos lo permites y una vez más te decimos: gracias por Cristo. Quien venció toda tentación para hacernos más que vencedores en Él. Reconozco mi fragilidad ante la tentación y confieso que a menudo me rindo, olvidando que Cristo soportó la tentación en su totalidad. Aumenta oh Señor mi dependencia de Ti, fortaléceme para resistir, y permíteme vivir en la fe que vence. Que tu gracia me sostenga cuando me encuentre frente a las pruebas, y que, al igual que Jesús, pueda entrar y salir de la tentación lleno del Espíritu y con una fe renovada que testifique de Tu fidelidad. Amén
Añadir comentario
Comentarios
Señor ayudamos a soportar las tentaciones y aborrecer el pecado amen 🙏🙏
Amén. Gracias mi Buen Dios por cristo.