“No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.” Mateo 5:17-18
La inerrancia y la soberanía de la Palabra de Dios se manifiestan con una fuerza inconmovible a lo largo de la historia redentora. Como bien observó el teólogo Bernard Ramm, la Biblia ha resistido ataques sistemáticos, que han ido desde el escepticismo académico hasta el odio visceral, siendo descuartizada y escrutada con una saña que ningún otro texto ha enfrentado; sin embargo, mientras los sistemas liberales colapsan, la Escritura permanece como el fundamento inquebrantable de la verdadera fe.
Retomemos el contexto… Jesús comenzó el Sermón del Monte definiendo el carácter de los ciudadanos de Su reino, aquellos que por la gracia soberana poseen un corazón quebrantado que se lamenta por el pecado, que es manso y hambriento de justicia, misericordiosos, puros de corazón y perseguidos por ser pacificadores. Este es el corazón de un verdadero cristiano, cualquiera que viva así y se caracterice por estos rasgos enumerados en las bienaventuranzas, cambiará el mundo... Será sal y luz en el mundo. Pero ahora Jesús aborda un tema importante: ¿cómo debe el cristiano relacionarse con las Escrituras? Tengamos en cuenta que en ese momento no existía el Nuevo Testamento, se vivía, pero aún no existía. Pero el Antiguo Testamento si existía, y Jesús está enseñando cómo debe relacionarse un cristiano con la ley y los profetas. Él dijo: “no he venido a abrogar la ley sino a cumplirla” Jesús no se presentó como un revolucionario que desecha el Antiguo Testamento (como hoy muchos lo han hecho), sino que se presentó como el cumplimiento de cada sombra y promesa. Su enseñanza, aunque chocaba frontalmente con el legalismo de los fariseos, estaba en total armonía con la intencionalidad original de la ley. Mientras que los líderes religiosos de la época habían creado un sistema de interpretaciones humanas para garantizar que los mandamientos fueran "alcanzables" y alimentar su justicia propia, Jesús desmanteló todas esas inútiles muletas morales. Cada vez que Él levantó Su voz para decir "pero yo os digo", no estaba corrigiendo a Moisés, sino restaurando el significado profundo de la ley de Dios que el hombre, en su ceguera pos-exilio, había oscurecido con tradiciones y rituales humanos.
La ley de Dios tiene propósitos específicos y esto es importante porque si te equivocas en ello serás arrastrado a cualquiera de los extremos con los que lidiaba Cristo: la auto justificación o la anarquía. El primer propósito de la ley es revelar la santidad de Dios y al hacerlo dejar al descubierto nuestra total depravación y en segundo lugar la ley nos fue dada para que pudiésemos identificar al Mesías. La ley no fue dada para otorgar justicia a través del esfuerzo humano, pues la ley no puede hacernos perfectos (Hebreos 7:19; 10:1). Su función es actuar como un espejo que nos muestra nuestra incapacidad, aniquilando toda pretensión de auto justificación y nos lleva a descansar únicamente en la obra consumada de Cristo.
Oración: Padre soberano y santo, te alabamos porque en medio de un mundo que desprecia Tu verdad, Tu Palabra permanece como roca inquebrantable; te damos gracias porque Cristo no vino a anular Tu santa ley, sino a satisfacer cada una de sus demandas en nuestro favor, trasladándonos de la condena del legalismo a la libertad de la gracia. Permite que, al mirarnos en el espejo de Tu santidad, nuestra alma descanse únicamente en la justicia perfecta que nos ha sido imputada, para que, siendo sal y luz, nuestras vidas reflejen el carácter de Aquel que cumplió hasta la última tilde de Tu voluntad por amor a Sus escogidos. Amén
Añadir comentario
Comentarios
Amén. 🙏🙏🙏