Las poderosas obras del Rey

Publicado el 20 de junio de 2026, 5:17

“Cuando descendió Jesús del monte, le seguía mucha gente. Y he aquí vino un leproso y se postró ante Él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció” Mateo 8:1-3

Hay dos rasgos que distinguen a Jesucristo de cualquier otro líder religioso que haya pisado la tierra: Sus poderosas palabras y Sus poderosas obras. Acabamos de salir de una muestra extraordinaria de Su autoridad al estudiar el Sermón del Monte. Pero ahora, al descender de la montaña, pasamos de la doctrina a la demostración; vamos a contemplar las acciones de Cristo, aquellas que solo el Dios encarnado puede ejecutar. En los próximos episodios veremos desplegarse Su ministerio de sanidad sobrenatural, mostrando Su señorío absoluto sobre nuestros enemigos físicos, como la enfermedad y la muerte; sobre los enemigos naturales, al calmar una tormenta; sobre los enemigos sobrenaturales, al expulsar demonios con una sola palabra; y sobre nuestro mayor enemigo, el pecado, al perdonar las faltas de un paralítico basándose en su fe.

Desde la caída en el Edén, la humanidad vive bajo el constante temor a la enfermedad. Nos asustan los enemigos invisibles —virus, bacterias, hongos— que son capaces de vulnerar nuestra salud y recordarnos cuán impotentes somos. La historia humana está marcada por pandemias devastadoras: desde la peste bubónica y la viruela hasta el COVID-19, sin olvidar el cáncer o los problemas cardíacos que hoy arrebatan tantas vidas. Vivimos en una era científica y tendemos a pensar que, con más investigación y mejores fármacos, algún día erradicaremos el sufrimiento de la tierra. Pero la Biblia destruye esa ilusión. Apocalipsis 21 nos asegura que la muerte, el llanto y el dolor dejarán de existir únicamente cuando las "cosas viejas pasen" y Dios establezca un cielo nuevo y una tierra nueva. La enfermedad y la muerte forman parte del orden actual y nos acompañarán hasta el fin. Si no fuera por el poder milagroso de Jesús, estaríamos completamente indefensos; por eso nuestra confianza no descansa en la ciencia farmacéutica, sino en Cristo, el sanador soberano.

Ahora, Mateo no pretende registrar cada milagro, sino que nos presenta pequeños recuadros de un torrente de sanidades tan inmenso que, como escribió el apóstol Juan, si se describiera cada una, ni la tierra misma podría contener los libros. En este capítulo que iniciamos hoy, Jesús sanará a un leproso, a un siervo gentil y a una mujer; tres tipos de personas que la sociedad de la época marginaba por ser consideradas de nivel inferior. El Espíritu Santo es intencional al inspirar este orden, demostrando la disposición del Rey para alcanzar a cada rincón de la humanidad con Su poder. Al observar estos relatos, surge un tema que unifica cada milagro: el hombre no puede, pero Jesús sí.

Dios nos tejió de manera admirable y maravillosa en el vientre de nuestra madre, pero el pecado distorsionó ese diseño original, introduciendo la enfermedad, mutaciones genéticas y finalmente la muerte. El ministerio sanador de Jesús es, en esencia, un anticipo de la redención y una reversión temporal de la maldición del Edén. Aunque la plenitud de esta restauración solo llegará cuando recibamos un cuerpo resucitado —libre de fatiga, dolor o desgaste—, las sanidades de Jesús nos ofrecen un destello de ese futuro glorioso. Cada milagro físico es una parábola visual de Su gracia, una demostración de Su compasión y un recordatorio de que Aquel que puede restaurar un cuerpo enfermo, tiene el poder absoluto para limpiarnos de nuestra verdadera y más pesada carga: nuestro propio pecado.

Oración: Señor Jesús, te alabamos porque Tu autoridad no solo se revela en Tus palabras, sino en Tus poderosas obras. Te pedimos perdón por depositar nuestra seguridad en los recursos de este mundo y olvidar nuestra total dependencia de Ti. Gracias por Tu compasión hacia los marginados y por darnos, a través de Tus milagros, un anticipo de la redención final. Fortalece nuestra fe para confiar en Tu soberanía en medio de la fragilidad de nuestro cuerpo, y limpia nuestra alma de la lepra del pecado. Amén.

Para tu estudio personal:

  1. Cuando enfrentas una mala noticia médica o una crisis de salud ¿te sumerges en la angustia y en confiar ciegamente en los recursos humanos, o te postras ante Cristo reconociendo Su control sobre tu cuerpo?
  2. Jesús inició Su ministerio de obras acercándose a los rechazados por la religión de Su época. Al mirar a las personas rotas, adictas o rechazadas en tu entorno, ¿reaccionas con el asco del fariseo o con la compasión del Salvador?
  3. La Escritura nos enseña que la enfermedad y el dolor que nos aqueja en este mundo son temporales y que nos espera un cuerpo resucitado, ¿estás permitiendo que las aflicciones de hoy te roben el gozo eterno que Cristo ya compró para ti en la cruz?
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Comentarios

Yamileth
hace 8 horas

Amén 🙏🏼

Shirley García
hace 8 horas

Amén