“Otro de Sus discípulos le dijo: Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre. Jesús le dijo: Sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos” Mateo 8:21-22
El segundo buscador que se acerca a Jesús en este pasaje ya es llamado "discípulo". Él no es un extraño; ya forma parte de la multitud que camina con el Maestro y escucha Sus enseñanzas con atención. Sin embargo, al recibir el llamado a un compromiso más profundo, introduce una pequeña frase que revela la verdadera condición de su alma. Él dice: «Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre». A simple vista, esta petición suena justa, piadosa y completamente razonable para cualquiera de nosotros que no conocemos el contexto detrás de estas palabras. Pero el conflicto no radica en el deseo de honrar a su familia, sino en la palabra «primero». El problema real es su jerarquía de valores. Él le está diciendo a Jesús: «Mi primer y más importante valor no es seguirte a Ti; mi prioridad es ir a resolver mis asuntos terrenales».
Debemos entender el peso cultural de sus palabras. En la tradición judía de la época, la frase «déjame ir a enterrar a mi padre» no significaba que el anciano estuviera en su lecho de muerte o que el funeral fuera esa misma tarde. Era un modismo para expresar las responsabilidades familiares a largo plazo. Como bien explica el pastor John MacArthur, la herencia de un hombre en el mundo antiguo se reducía o se perdía por completo si no cumplía minuciosamente con sus deberes filiales. Por lo tanto, lo que este discípulo realmente estaba diciendo era: «Señor, quiero esperar a recibir mi dinero. Déjame asegurar primero mi herencia, asegurar mi estabilidad económica, y después de que mi padre muera —lo cual podría tardar años—, entonces vendré y te seguiré». Era una postergación abierta condicionada por la seguridad material.
Jesús confronta esta sutil idolatría con una firmeza innegociable, recordándonos lo que enseñaría más adelante: «El que ama a padre o madre más que a Mí, no es digno de Mí». Para el Rey, no existe en todo el universo un llamado más elevado que seguirle a Él; cualquier otro compromiso terrenal, por legítimo que sea, es inferior. En el relato paralelo del Evangelio de Lucas, otro hombre añade una condición similar: «Te seguiré, Señor; pero déjame despedirme primero de los que están en mi casa». Y la respuesta de Jesús es un golpe al orgullo: «Ninguno que poniendo su mano en el arado y mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios». El Reino no admite miradas nostálgicas hacia el pasado, ni dependencias de herencias, tierras o seguridades mundanas. Estamos avanzando hacia lo eterno, no retrocediendo hacia lo temporal.
La segunda parte de la respuesta de Jesús es aún más enigmática y profunda: «Sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos». ¿Cómo es posible que un muerto entierre a otro? La declaración cobra un sentido perfecto bajo la doctrina de la gracia: deja que los muertos espiritualmente entierren a los muertos físicamente, pero tú sígueme. Jesús le está diciendo al discípulo que deje las preocupaciones puramente terrenales para aquellos que aún no conocen la vida de la gracia, y que se enfoque en lo que verdaderamente importa. Doctrinalmente sabemos que nadie compra su salvación por seguir a Jesús o por hacer sacrificios; somos salvos únicamente por la fe. Pero la fe verdadera siempre produce una sumisión radical. Jesús, va directo al meollo del asunto. Él no necesita que nadie le diga lo que hay en el hombre, porque Él conoce perfectamente las intenciones ocultas de cada corazón.
Oración: Señor Jesús, te confesamos que muchas veces hemos puesto condiciones a nuestra obediencia, usando excusas legítimas ante el mundo para ocultar nuestra falta de entrega a Ti. Perdónanos por cada vez que te hemos dicho: "Señor, déjame resolver primero mis planes". Quita de nosotros el temor a perder las seguridades de la tierra y danos la fe para poner nuestra mano en el arado sin mirar atrás. Reconocemos que no hay llamado más alto que seguirte y que solo en Ti tenemos la vida eterna. Amén
Para tu estudio personal:
- Al examinarte ¿hay algún proyecto o una aprobación humana que estás poniendo como condición delante de Dios antes de entregarte por completo a Su servicio y a la obediencia de Su Palabra?
- Si ya has comenzado a caminar en la fe, ¿te descubres a menudo extrañando las libertades del pasado, quejándote por las restricciones del camino angosto o deseando las comodidades del camino ancho que el mundo transita?
- Jesús exige que nuestro amor por Él esté por encima de los lazos familiares (Mateo 10:37). Si un familiar cercano te presiona para que ignores un principio bíblico o te alejes de tu comunión con Dios, ¿a quién eliges agradar?
- Considerando que el Señor conoce perfectamente que hay dentro de ti y no se deja engañar por fachadas religiosas o palabras de lealtad entusiasta, ¿reflejan tus motivos ocultos un deseo sincero de glorificar a Cristo, o estás usando la religión para buscar tus propios fines terrenales?
Añadir comentario
Comentarios