Cuando el esposo está presente

Publicado el 20 de julio de 2026, 3:51

“Entonces vinieron a Él los discípulos de Juan, diciendo: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces, y Tus discípulos no ayunan? Jesús les dijo: ¿Acaso pueden los que están de bodas tener luto en tanto que el esposo está con ellos? Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces ayunarán” Mateo 9:14-15

Para comprender este pasaje, primero necesitamos entender a Juan el Bautista y la esencia de su ministerio. Su ministerio fue corto… pero su misión gigantesca. Como bien decía el pastor John MacArthur, Juan el Bautista vino principalmente por tres razones: para preparar el camino, para proclamar el camino y para quitarse del camino.

¿Y cómo lo hizo? Bueno Juan tenía un estilo de vida austero, muy parecido al del profeta Elías. Ayunaba, oraba, predicaba en la soledad del desierto y bautizaba. Esto último era algo impactante porque en aquellos días el bautismo era un ritual exclusivo para los gentiles que querían convertirse al judaísmo. Pero Juan confrontó a su propio pueblo al decirles «Todos ustedes están tan lejos de la fe de Abraham, de Isaac y de Jacob, que necesitan ser limpiados a través del bautismo». Entonces cualquiera que se arrepentía de sus pecados, bajaba a las aguas. Así preparó el camino. Juan también vino a proclamar ese camino. Cuando Jesús se acercó para ser bautizado, Juan vio la señal prometida: el Espíritu Santo descendiendo sobre Él como una paloma. En ese instante, Juan no dudó y proclamó ante todos: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Juan 1:29-34). Pero la parte más hermosa de Juan fue su disposición a hacerse a un lado cuando llegó el momento. Él era un predicador sumamente popular. Las multitudes corrían a escucharlo. Sin embargo, en la cumbre de su ministerio, supo retirarse para que Jesús ocupara el centro del escenario. Juan entendía que no podía arrebatarle al Maestro lo que Él había venido a buscar.

¿Y qué era eso tan valioso? Juan lo explicó con una hermosa metáfora nupcial: «La esposa pertenece al esposo; el amigo que acompaña al esposo espera, escucha y se llena de alegría cuando oye su voz. Esa alegría es mía, y ahora es completa. Él debe crecer, y yo debo menguar» (Juan 3:25-30) ¿Quién es esa esposa de la que hablaba Juan? Somos nosotros, los creyentes que acuden a Cristo. Juan sabía que el Esposo se casaría con Su iglesia algún día. Se alegraba con solo escuchar Su voz. Su postura era humilde: «Me alegra estar aquí, pero Él debe hacerse más grande, y yo debo hacerme más pequeño».

Con este contexto, proseguimos. Los discípulos de Juan se acercaron a Jesús y le dijeron: «¿Cómo es que nosotros y los fariseos ayunamos seguido, pero tus discípulos no lo hacen?». Juan llevaba una vida de mucha abstinencia, comía solo lo necesario para sostenerse en pie. Los banquetes no eran parte de su llamado. Pero el ministerio de Jesús era diferente. Aunque Jesús ayunó, también aceptaba invitaciones a banquetes. Él celebraba, comía y bebía con recaudadores de impuestos y pecadores. Los discípulos de Juan estaban confundidos. Pensaban: «No lo entendemos. ¿De verdad eres un hombre de Dios? Esto no es lo que esperábamos».

A veces a ti y a mí nos pasa lo mismo. Encasillamos a Dios en nuestros propios moldes de lo que consideramos "espiritual". Pero Jesús les respondió usando los mismos términos que Juan había usado: «¿Acaso pueden los invitados a una boda estar de luto mientras el esposo está con ellos? Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces ayunarán». Jesús les estaba diciendo: Yo soy el Esposo. Mi presencia aquí es un motivo de fiesta, no de luto. Pero llegaría el día en que Él ya no estaría físicamente. Entonces sí tendrían que ayunar, para poder enfrentarse a un mundo hostil que necesitaba conversión. Tendrían que batallar contra el maligno, contra sus propios deseos y contra las tentaciones cotidianas. En esos momentos de prueba, el ayuno y el lamento serían necesarios, pero en este instante, el Salvador estaba sentado a la mesa con ellos. Era tiempo de alegrarse en Su gracia.

Oración: Señor Jesús, hoy venimos ante Ti con un corazón agradecido por Tu presencia en nuestras vidas. Te pedimos perdón por las veces en que intentamos encasillarte en nuestras propias estructuras religiosas o moldes humanos, olvidando la frescura y la libertad de Tu gracia. Al igual que Juan el Bautista, enséñanos a menguar para que Tú crezcas en todo lo que hacemos. Ayúdanos a vivir hoy celebrando la salvación que nos has regalado, pero también fortalécenos para los días de prueba, manteniéndonos firmes en la oración y la consagración. Amén

Para tu estudio personal:

1. Juan el Bautista pronunció una de las frases más difíciles para el orgullo humano: «Él debe crecer, y yo debo menguar». Al examinar tu rutina diaria, tu trabajo o tu servicio en la iglesia, ¿en qué áreas te está costando más trabajo hacerte a un lado para que Jesús sea el que reciba toda la gloria?

2. Los discípulos de Juan estaban confundidos porque Jesús no encajaba en sus expectativas de cómo debía lucir un hombre de Dios. ¿Hay alguna idea preconcebida o regla humana que estés imponiendo sobre los demás o sobre ti mismo, perdiendo de vista la verdadera libertad y el gozo que Cristo ofrece?

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    Comentarios

    Shirley García
    hace 14 horas

    Amén 🙏🙏

    Yamileth
    hace 12 horas

    Amén 🙏🏼