Odres listos para lo nuevo

Publicado el 22 de julio de 2026, 4:48

“Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; porque tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura. Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera los odres se rompen, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conserva juntamente” Mateo 9:16-17

Jesús ilustra un principio espiritual profundo usando dos ejemplos de la vida cotidiana. Y es muy importante que tú y yo veamos la diferencia entre el remiendo y el odre. El remiendo es un trozo de tela nueva que nunca se ha mojado. ¿Qué pasa cuando lavas esa prenda por primera vez? El parche nuevo se encoge, tira de la tela vieja y el desgarro se vuelve mucho peor que al principio. Por otro lado, están los odres. En aquellos días, el vino se guardaba en odres de cuero. Al fermentar, el vino libera gases. El odre necesita expandirse como un globo. Si el cuero es viejo y rígido, no puede estirarse. La presión aumenta y, al final, el gas gana. El odre se rompe y el vino se derrama. Se pierde absolutamente todo.

¿Por qué Jesús entra en estos detalles domésticos? Porque necesitamos entender que el Reino de los Cielos implica cambio. ¿Y quién decide esos cambios? Jesús, porque Él es el Rey. Si queremos ser Sus discípulos, necesitamos seguirlo y andar como Él anduvo. La vieja prenda no puede estirarse; porque está fija en su pasado y por eso se rasga. El viejo odre no puede expandirse; está rígido y por eso se rompe. El principio es claro: el Reino se trata de transformación. Ahora, quiero aclarar algo muy importante. Quienes defienden una teología liberal y rechazan la autoridad de la Biblia, aplauden este pasaje. Dicen que Jesús es un radical que vino a cambiarlo todo. Les encanta esa idea. Pero pasan por alto que hay cosas que nunca cambian. En primer lugar, el carácter de Dios es inmutable. Él no puede mejorar ni empeorar. Él nos dice a través de Malaquías: «Yo, el Señor, no cambio». En segundo lugar, la Palabra inspirada por Dios jamás cambia. Jesús mismo lo afirmó: «El cielo y la tierra pasarán, pero Mis palabras no pasarán jamás» y finalmente las doctrinas del cristianismo y el mensaje del Evangelio permanecen firmes para siempre (Gálatas 1:8).

Entonces, ¿qué es lo que tiene que cambiar? Nosotros. Tú y yo debemos cambiar para entrar en el Reino de los Cielos. No podemos quedarnos como estamos y pretender ser salvos. Jesús nos confronta al decir «Si no cambias y te vuelves como niño, no entrarás en el Reino de los cielos». Es lo que le dijo a Nicodemo: «Debes nacer de nuevo». Jesús toma el vino nuevo de Su Espíritu y lo derrama en una vasija nueva… entonces necesitamos ser regenerados. A partir de ahí, comienza nuestro proceso de santificación. Crecemos paso a paso siguiendo a Jesús. Pablo nos dice que somos transformados a Su imagen con una gloria cada vez mayor. ¿Sabes dónde está la clave de este crecimiento? En la forma en que escuchas la Palabra de Dios. En cómo la lees, cómo respondes a ella y cómo permites que la Escritura examine tu corazón… por ello es terrible tomar la postura inflexible de los fariseos, aferrados a la rigidez de sus costumbres. Al final del camino, nos espera el cambio más grande de todos: la glorificación. Pablo nos recuerda que no todos moriremos, pero todos seremos transformados en un abrir y cerrar de ojos, al sonar de la última trompeta. Nuestra carne y sangre no pueden heredar el Reino. Necesitamos ser transformados por el poder de la resurrección.

Iglesia la tradición bíblica es hermosa y esencial para el avance del Reino. Los padres tienen la hermosa responsabilidad de transmitir a sus hijos la fe viva, como en una carrera de relevos. Recibes la verdad, la atesoras, caminas en ella y la entregas a la siguiente generación. Es lo que Jesús nos mandó en la Gran Comisión: «Vayan y hagan discípulos, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado». Esa es la verdadera tradición. Pero cuidémonos del tradicionalismo, donde las formas externas e inventadas por el hombre se elevan falsamente al nivel de la santa Palabra de Dios.

Oración: Señor Dios, Padre inmutable y fiel, hoy alabamos Tu santo nombre porque en un mundo lleno de incertidumbre, Tu carácter y Tu Palabra nunca cambian. Te pedimos perdón por las veces en que nos parecemos a los odres viejos: rígidos, tercos y resistentes a la transformación que Tu Espíritu Santo quiere hacer en nosotros. Rompe nuestra inflexibilidad. Danos un corazón moldeable, como el de un niño, dispuesto a obedecerte y a crecer cada día a Tu imagen. Permítenos ser fieles en transmitir Tu verdad a la siguiente generación, cuidando nuestro corazón de caer en ritos vacíos. Amén.

Para tu estudio personal:

  1. Al evaluar tu vida espiritual hoy, ¿te sientes más como un odre nuevo, flexible y sensible a la dirección del Espíritu Santo, o notas rigidez y resistencia frente a los cambios que Dios te está pidiendo hacer en tu carácter?
  2. Los padres y mentores espirituales tienen la tarea de pasar la antorcha de una "fe viva". Al mirar a tus hijos, familiares o discípulos, ¿les estás transmitiendo una relación diaria, fresca y real con Jesucristo, o simplemente los estás introduciendo a una rutina de costumbres religiosas externas?
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    Comentarios

    Shirley García
    hace 44 minutos

    Amen 🙏🙏