“Mientras Él les decía estas cosas, vino un hombre principal y se postró ante Él, diciendo: Mi hija acaba de morir; mas ven y pon Tu mano sobre ella, y vivirá. Y se levantó Jesús, y le siguió con Sus discípulos” Mateo 9:18-19
La historia del mundo exalta constantemente los logros de la humanidad. Admiramos el conocimiento, el éxito y el control. Pero si somos honestos, a pesar de todos nuestros avances, seguimos siendo débiles. Somos profundamente impotentes. No podemos evitar que nuestros cuerpos enfermen. No podemos detener el día de nuestra muerte. A menudo caemos en pecados que prometimos no volver a cometer jamás. Nos cuesta dejar de luchar en nuestras propias fuerzas y sembramos divisiones sin querer. En el sentido más profundo de la palabra, dependemos por completo de Dios.
El pasaje que hoy comenzamos a estudiar retrata esta fragilidad humana de una forma muy vívida. Por un lado, vemos a Jairo. Él era un hombre principal, un líder influyente y exitoso en Capernaúm. Sin embargo, era totalmente impotente para salvar a su pequeña hija de la muerte. En los siguientes versículos veremos también a una mujer que llevaba doce años sufriendo una enfermedad dolorosa. No importaba qué hiciera ni cuánto gastara, su situación no mejoraba. Ambos llegaron al límite de sus capacidades y ambos supieron a dónde acudir. A veces pienso que nuestro mayor obstáculo en la vida espiritual es nuestra propia percepción de poder. Nos estorba el orgullo. Nos frena la idea de lo que creemos podemos resolver por nuestra cuenta. Mientras tengamos una opción en la que confiar, Dios no será nuestra primera opción.
Jairo tenía autoridad, dinero y el respeto de toda su comunidad. Probablemente era un fariseo. Pero su dolor era tan devastador que no tenía a dónde más ir. Su desesperación lo llevó a tomar una decisión extrema: estuvo dispuesto a arriesgar toda su reputación. El texto nos muestra que Jesús todavía estaba sentado a la mesa en la casa de Mateo, el recaudador de impuestos. Ningún otro fariseo habría cruzado esa puerta jamás. Pero a Jairo ya no le importaba el qué dirán… Él no sólo entró a la casa, él se arrodilló ante Jesús y le rogó que viniera. Su estatus quedó sepultado por su necesidad. Esto me recuerda una frase muy profunda de Corrie Ten Boom: «Nunca podrás comprender que Cristo es todo lo que necesitas, hasta que Cristo sea todo lo que tengas». Así actúa la gracia. La necesidad extrema nos sacude y nos impulsa a enfocarnos por completo en Jesucristo.
En el famoso libro El Progreso del Peregrino, hay una escena muy descriptiva. El protagonista, llamado Cristiano, abandona su hogar y tapándose los oídos corre gritando: «¡Vida, vida, vida eterna!». Los habitantes de su pueblo se burlan de él. Su propia familia le ruega que regrese. Pero él se niega a escuchar. Está desesperado. Está completamente obsesionado con encontrar la salvación. Jairo corrió con esa misma urgencia. Sabía con certeza que Jesús tenía el poder para devolverle la vida a su hija. No habría arriesgado su prestigio si no hubiera creído en el Maestro. Sin embargo, su fe todavía tenía límites. Jairo le pidió a Jesús que se levantara y lo acompañara físicamente. ¿Recuerdas al centurión romano del que hablamos antes? Aquel hombre le dijo: «No necesitas venir a mi casa, Jesús. Solo di la palabra de lejos y mi siervo sanará». Jairo no pudo llegar a esa altura. Él suplicó: «Por favor, ven, pon tu mano sobre ella y vivirá».
Aun con esa fe pequeña y condicionada, Jesús no lo rechazó. El Salvador se levantó de la mesa y lo siguió. Qué hermoso es saber que Jesús no exige una fe perfecta para empezar a actuar; Él solo busca un corazón que reconozca su total impotencia y corra hacia Él.
Oración: Señor Dios y Padre celestial, hoy venimos ante Ti reconociendo nuestra profunda debilidad. Te pedimos perdón por las veces en que nuestro orgullo nos domina y pretendemos caminar en nuestras propias fuerzas, dejando Tu presencia como el último recurso de nuestra lista. Rompe nuestra falsa percepción de control. Gracias por las crisis que nos desarmaron y nos enseñaron que separados de Ti nada podemos hacer. Gracias porque cuando nuestra fe es pequeña y limitada, Tú nos miras con compasión y caminas a nuestro lado. Concédenos poder para rendir hoy y cada día nuestra reputación y nuestros títulos a Tus pies, reconociendo que Cristo es todo lo que necesitamos. Amén
Para tu estudio personal:
- Jairo tuvo que dejar de lado su estatus de líder religioso y entrar a la casa de un pecador para encontrar a Jesús. ¿Hay algún motivo de orgullo, posición o reputación personal a la que te estés aferrando hoy, que te impide postrarte ante el Señor con total honestidad?
- Cuando enfrentas una prueba difícil en tu hogar, en tus finanzas o en tu salud, ¿cuál suele ser tu primera reacción? ¿Buscas resolverlo inmediatamente con tus contactos y capacidades, o corres primero al Salvador reconociendo tu impotencia?
Añadir comentario
Comentarios
Amén , 🙏🙏🙏
Amén 🙏🏼 tu eres nuestra pronta ayuda mi Señor.