Una obra completa a la perfección

Publicado el 8 de agosto de 2026, 3:21

“Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese” Juan 17:4

Déjame hacerte una pregunta para comenzar nuestro día: ¿Alguna vez has tenido una jornada en la que, al recostar la cabeza en la almohada por la noche, pudiste decirle al Padre Celestial con total honestidad: «Padre, hice todo lo que me pediste hoy; no dejé absolutamente nada sin hacer»? ¿Puedes pensar en un solo día de tu vida en el que hayas podido expresarle eso a Dios con absoluta sinceridad? La realidad es que la mayoría de nosotros terminamos el día con pendientes, cansados y conscientes de nuestras fallas. Pero nuestro Salvador Jesucristo vivió cada segundo de Su existencia terrenal de esa manera. No se trató solo de un día, de un mes productivo o de un año exitoso; fue toda una vida donde cada obra encomendada por el Padre fue realizada a la perfección.

El ministerio de Jesús tuvo un alcance integral, pero al mismo tiempo poseía un enfoque sumamente específico. En el Evangelio de Mateo, Él mismo declaró que en ese momento de la historia de la salvación, había sido enviado principalmente a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Él conocía Su llamado y se movía con una obediencia estratégica. Además, Su ministerio era itinerante; no se quedaba estático en un solo lugar. De hecho, los Evangelios registran una ocasión en la que las personas le hicieron una petición a Jesús y Él decidió no concederla. Ocurrió en un pueblo de Galilea, donde la multitud le rogaba con insistencia que no se marchara. Sin embargo, la respuesta del Maestro fue contundente: «Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para eso he sido enviado». Jesús entendía la urgencia de Su misión, por ello dejó aquel lugar y avanzó hacia el siguiente pueblo. ¿Y qué hacía Jesús mientras recorría los caminos de una región a otra? La Escritura nos muestra que se dedicaba a enseñar y a predicar el reino de los cielos.

Hoy en día, lamentablemente, es fácil subestimar el valor de la enseñanza y la predicación bíblica. Vivimos en una época donde muchos espacios se alejan de la instrucción profunda, considerándola demasiado rígida, y prefieren sustituirla por el entretenimiento o por “experiencias” superficiales. Jesús, en cambio, jamás rebajó el valor de la exposición de la verdad. El Evangelio nos relata que, al ver a una gran multitud, Jesús sintió una profunda compasión por ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor. ¿Y cómo se manifestó esa compasión divina? El texto nos dice que de inmediato comenzó a enseñarles muchas cosas. Iglesia, la mayor muestra de compasión que el Señor puede tener con un alma desorientada es enseñarle la verdad de Su Palabra.

El núcleo central de toda Su predicación era el reino de los cielos. ¿Qué significa realmente este concepto? El reino de los cielos es el lugar espiritual donde Dios gobierna sobre súbditos dispuestos; es decir, sobre personas que se alegran sinceramente de que Dios ejerza el control y el gobierno absoluto sobre sus vidas. Sabemos que, por Su soberanía, la Tierra entera y su plenitud le pertenecen al Señor. Pero Su reino avanza de manera íntima cuando las personas, de buena gana y con un corazón lleno de gozo, deciden dar la espalda a su propio orgullo y someter sus vidas al gobierno divino. Por eso, al cerrar este momento, te invito a reflexionar: ¿Te alegras hoy de que Cristo sea el Rey absoluto de tu vida? ¿Encuentras gozo al saberte sujeto a Sus sabios designios y mandamientos? Si tu respuesta es un sí sincero, entonces estás experimentando la verdadera bendición de pertenecer a Su reino.

Oración: Padre Celestial, te damos gracias en esta mañana por el ejemplo perfecto de obediencia de Tu Hijo Jesucristo, quien glorificó Tu nombre al cumplir plenamente la obra que le encomendaste. Perdónanos por las veces en que postergamos Tus mandatos o buscamos el entretenimiento antes que la instrucción de Tu Palabra. Queremos que Tu reino avance hoy en nuestros corazones. Nos rendimos voluntariamente a Tu señorío y te pedimos que nos concedas el gozo de caminar bajo Tu dirección y Tus perfectos diseños. Amén.

Para tu estudio personal:

  1. Al examinar tus prioridades diarias, ¿estás dedicando tiempo intencional a ser enseñado por la Palabra de Dios, o te dejas llevar por las distracciones y el entretenimiento de este mundo?
  2. ¿Hay alguna área de tu vida (finanzas, relaciones, planes futuros) en la que te esté costando aceptar de buena gana el gobierno y el señorío de Jesucristo?
Valoración: 0 estrellas
0 votos

Añadir comentario

Comentarios

Todavía no hay comentarios