El clamor por la cosecha

Publicado el 11 de agosto de 2026, 0:07

“Entonces dijo a Sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, más los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a Su mies” Mateo 9:37-38

Las palabras de Jesús en este pasaje nos introducen a un concepto profundamente espiritual: la cosecha. En las Sagradas Escrituras, la idea de la cosecha se presenta bajo dos perspectivas muy distintas. La primera de ellas es la cosecha de la ira y del juicio venidero. El profeta Joel la describe con crudeza cuando dice: «Echad la hoz, porque la mies está ya madura... porque mucha es la maldad de ellos». Esa es la cosecha donde Dios juzgará con perfecta justicia el pecado de la humanidad.

Sin embargo, no es ese juicio lo que Cristo tiene en mente en este preciso momento. Jesús se está refiriendo a una cosecha diferente: la recolección de almas para la vida eterna. Cada día, miles de personas en todo el mundo responden con fe al llamado del Evangelio. Hay una multitud inmensa lista para recibir la verdad, pero el dilema sigue siendo el mismo que en los días de Cristo: la cosecha es abundante, pero los obreros son desesperadamente pocos. ¿Cómo llegarán estas personas a la fe si nadie les predica? El apóstol Pablo lo plantea con una lógica ineludible en la Epístola a los Romanos: «¿Cómo invocarán a aquel de quien no han oído hablar? ¿Y cómo oirán si alguien no va y les predica?». Ante esta urgencia, ¿cuál es la estrategia que Jesús nos manda a seguir? Él no nos pide que diseñemos planes humanos complejos ni que recurramos a estrategias de mercadotecnia espiritual para inflar las membresías de nuestras congregaciones. El mandato del Rey es claro, sencillo y humilde: doblar nuestras rodillas y rogarle con fervor al Señor de la mies que envíe obreros a Sus campos.

Esta verdad nos confronta y nos invita a una doble aplicación en esta mañana. En primer lugar, si tú que me escuchas aún no has entregado tu vida a Jesucristo, debes saber que te encuentras expuesto a la justa ira de Dios por causa de tu pecado. Quizás sientas tu corazón quebrantado y desamparado en este momento. Si es así, no dejes pasar este día sin acudir a Jesús. Él es infinitamente compasivo, conoce tu dolor y Su gracia es completamente suficiente para sanar tus heridas y darte salvación eterna. En segundo lugar, para quienes ya nos llamamos creyentes, el Señor nos desafía a levantar la mirada por encima de nuestras propias circunstancias. Gran parte del desánimo y del dolor que experimentamos se debe a que vivimos encerrados en nosotros mismos, ignorando la voluntad de Dios. El avance del Reino no es una tarea exclusiva de unos pocos; Dios desea que cada uno de Sus discípulos se involucre activamente en Su cosecha.

¿Cómo estás participando tú en esta labor? ¿De qué manera estás usando tu tiempo, tus dones y tus fuerzas para el Reino? Te aseguro que servir al Señor es formar parte de un equipo que ya tiene la victoria garantizada. Amada iglesia, unámonos en oración para rogarle al Señor de la mies que levante servidores. Y mientras oras, mantén tu corazón abierto. ¿No podría ser que Dios te esté llamando a ti mismo a ser uno de esos obreros que vayan a ministrar a los necesitados? No te apresures a poner excusas. Es el momento de dejar atrás la pasividad, salir del congelador espiritual y decirle con honestidad: «Señor, aquí estoy; utilízame para Tu gloria».

Oración: Señor de la mies y Dios soberano, hoy venimos ante Ti reconociendo la urgencia de los tiempos en que vivimos. Te pedimos perdón por las veces en que hemos estado tan enfocados en nuestras propias comodidades que nos olvidamos de la multitud que perece sin Tu gracia. Te rogamos solemnemente que envíes obreros apasionados a Tus campos. Despierta a Tu iglesia y enciende en nosotros un deseo profundo de servirte. Si nos estás llamando a dar un paso al frente, quita todo temor de nuestras vidas y haznos instrumentos útiles en Tu gran cosecha. Amén

Para tu estudio personal:

  1. Al reflexionar de manera honesta en tu rutina diaria, ¿cuánto de tu tiempo y de tus recursos estás invirtiendo de manera intencional en el avance del Reino de Dios?
  2. Ante la necesidad espiritual de quienes te rodean en tu familia, trabajo o comunidad, ¿te estás limitando a observar con indiferencia o estás rogando y actuando como un obrero de la cosecha?
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