Doce hombres contra el mundo

Publicado el 14 de agosto de 2026, 2:25

«Los nombres de los doce apóstoles son estos: primero Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano; Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo el publicano, Jacobo hijo de Alfeo, Lebeo, por sobrenombre Tadeo, Simón el cananista, y Judas Iscariote, el que también le entregó». Mateo 10:2-4

¿Por qué crees que la Escritura se toma el tiempo de darnos sus nombres? Porque detrás de esos nombres había hombres reales. Hombres que habían dejado sus trabajos y sus antiguas vidas para seguir a Jesús. Hombres que habían visto Sus milagros, escuchado Sus enseñanzas y confesado que Él era el Cristo. Pero también eran hombres profundamente imperfectos. Y eso debería animarnos. Porque cuando conocemos sus historias, descubrimos que los doce no eran una élite espiritual. Muchas veces no comprendían lo que Jesús estaba enseñando y tuvieron que preguntarle en privado qué significaban Sus palabras. Y no solamente tenían problemas para entender. También discutían entre ellos. En Marcos 9, después de un viaje, Jesús les preguntó: «¿De qué discutían por el camino?». Y ellos se quedaron callados, porque habían estado discutiendo acerca de quién era el más grande. ¿Te resulta familiar?

También vemos su exceso de confianza. Pedro llegó a decirle a Jesús que, aunque todos los demás lo abandonaran, él jamás lo haría. Sus palabras fueron: «Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré» y sabemos que pasó. Qué fácil, es decir: «Yo nunca haría eso». Pero quizá deberíamos tener más cuidado con nuestra propia seguridad. Porque muchas veces nuestra mayor debilidad aparece precisamente cuando estamos demasiado convencidos de nuestra propia fortaleza. Consideremos también su falta de oración. En Getsemaní, Jesús les dijo: «Velen y oren». Pero ellos se quedaron dormidos. El espíritu estaba dispuesto, pero la carne era débil. Y quizá tú puedas identificarte con ellos. Sabes que necesitas orar, pero no oras como deberías. Sabes que necesitas depender de Cristo, pero intentas resolverlo todo con tus propias fuerzas. Sabes que necesitas permanecer cerca del Señor, pero permites que otras cosas ocupen el lugar que solamente Él debería tener.

Entonces, cuando miramos esta lista de hombres, ¿qué encontramos? Imperfección e incompetencia. Y, sin embargo, Jesús los escogió. Eso es lo extraordinario. El poder de la misión nunca estuvo en la perfección de los mensajeros. Estaba en Cristo. Jesús no necesitaba doce hombres extraordinarios para conquistar el mundo. Necesitaba hombres que Él pudiera formar, corregir, quebrantar, enseñar y utilizar. Tal vez al escuchar esta lista de debilidades digas: «Yo también soy así». No te sorprendas de descubrir debilidad en tu vida. Pero tampoco utilices tu debilidad como una excusa para permanecer pasivo. Mira a los doce. Jesús trabajó con ellos. Los corrigió. Los enseñó. Los confrontó. Los llevó a depender de Él. Y después de Su resurrección, los envió al mundo con el Evangelio. Y aquí estamos nosotros, casi dos mil años después, escuchando el mensaje que aquellos hombres proclamaron. El Evangelio ha llegado hasta nosotros. Cristo está edificando Su Iglesia. Su Palabra continúa avanzando. Y Él sigue utilizando personas débiles para llevar a cabo Sus propósitos. Por eso, si hoy te sientes insuficiente, no mires primero tus capacidades. Mira a Cristo. Tu esperanza no está en ser lo suficientemente fuerte. Está en que Él es suficientemente fuerte. Tu confianza no está en que nunca vas a fallar. Está en que Cristo no abandona la obra que comenzó en los Suyos. Quizá todavía tienes mucho que aprender. Quizá hay áreas en las que necesitas arrepentirte. Quizá necesitas crecer en oración, en fe, en humildad o en compasión por los perdidos. Pero no concluyas que Dios no puede utilizarte porque todavía estás en proceso. Así que hoy pregúntate: ¿Dónde reconoces tu propia debilidad? Y, sobre todo, ¿estás dispuesto a permitir que Cristo te forme? Porque la historia no termina con doce hombres imperfectos. La historia continúa con un Salvador perfecto. Y ese Salvador sigue edificando Su Reino.

Oración: Señor Jesús, gracias porque Tu obra no depende de hombres perfectos. Gracias porque conoces nuestras debilidades y aun así nos llamas a seguirte y a servirte. Perdónanos por nuestro orgullo, nuestra incredulidad, nuestra falta de oración y nuestros temores. Haznos humildes y dependientes de Ti. Forma nuestro carácter, aumenta nuestra fe y enséñanos a servir como Tú serviste. Y cuando veamos nuestra insuficiencia, ayúdanos a no mirar hacia nosotros mismos, sino hacia Ti. Úsanos, Señor, para Tu gloria y para el avance de Tu Evangelio. Amén.

Para tu estudio personal:

  1. Al leer Mateo 10:2-4 y recordar la historia de los doce, ¿con cuál de sus debilidades te identificas más?
  2. ¿Hay alguna área de tu vida en la que estás confiando más en tus propias fuerzas que en la gracia y el poder de Cristo?
  3. ¿Qué cambio concreto necesitas pedirle hoy al Señor mientras Él continúa formando tu vida?
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