Primero a las ovejas perdidas de Israel

Publicado el 17 de agosto de 2026, 0:04

«A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel». Mateo 10:5-6

Aquí tenemos que detenernos un momento, porque podríamos interpretar estas palabras de Jesús de una manera equivocada. Que la misión comenzara con Israel no significa que Jesús no tuviera en Su corazón a los gentiles. Todo lo contrario. Desde el principio, el propósito de Dios había sido mucho más grande que Israel. Jesús mismo nos da una hermosa muestra de esto en Juan 4. Allí encontramos a una mujer samaritana junto a un pozo. Los judíos y los samaritanos tenían una historia de profundo conflicto y desprecio mutuo. Sin embargo, Jesús fue hasta Samaria. Y Juan dice que «le era necesario pasar por Samaria». Allí Jesús habló con aquella mujer, le mostró su pecado, le habló del agua viva y se reveló a ella como el Mesías. Y aquella mujer corrió a su pueblo para contar lo que había ocurrido. Muchos samaritanos salieron, escucharon a Jesús y creyeron en Él. Finalmente dijeron: «Ya no creemos solo por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo». ¿Lo escuchaste? El Salvador del mundo.

Jesús es gloria para Israel, pero también es luz para los gentiles. Él es demasiado grande para una sola nación. El Salvador que vino a las ovejas perdidas de Israel es el Salvador que finalmente reunirá ovejas de toda tribu, lengua, pueblo y nación. Por eso, cuando llegamos al final de Mateo, las instrucciones serán diferentes. El mismo Jesús que aquí dice: «Vayan primero a las ovejas perdidas de Israel», después de Su resurrección dirá: «Vayan y hagan discípulos a todas las naciones». Primero Israel. Después Samaria. Y finalmente, hasta los confines de la tierra. No porque el plan de Dios haya cambiado, sino porque Su plan siempre fue llevar la salvación a las naciones, siguiendo el orden que Él había establecido.

Y hay algo más que debemos observar. Jesús dice que vayan a las ovejas perdidas. Esa expresión nos recuerda inmediatamente Isaías 53:6 «Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros». Ese es nuestro verdadero problema. No solamente estamos confundidos. Somos ovejas que nos hemos descarriado. Cada uno ha seguido su propio camino. Y si somos honestos, todos tenemos que reconocer que hemos pecado. No conozco personalmente tu historia, pero conozco la naturaleza humana y conozco lo que dice la Escritura: necesitamos un Salvador. Y esa es precisamente la buena noticia. El Pastor vino a buscar ovejas perdidas. Jesús no vino simplemente para enseñarnos a vivir mejor. Vino a cargar sobre Sí mismo el pecado de Su pueblo. Vino como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Y no hay otro Salvador.

Ahora bien, hay una aplicación muy práctica que podemos extraer de este pasaje. Jesús les dio a los doce un campo específico. No les dijo que en ese momento fueran a todas las ciudades del mundo. Les señaló un lugar concreto y unas personas concretas. Esto nos recuerda que, aunque como iglesia tenemos una misión que alcanza a todas las naciones, cada uno de nosotros tiene también un campo que Dios ha colocado delante de nosotros. No puedes estar físicamente en todos los lugares del mundo. Pero sí puedes ser fiel con las personas que Dios ha puesto delante de ti. Quizá estás esperando una gran oportunidad para servir al Señor, mientras ignoras a las personas que Él ya colocó a tu alrededor. ¿Quiénes son las ovejas perdidas que Dios ha puesto cerca de ti? No puedes salvarlas. Eso solamente lo puede hacer Cristo. Pero puedes hablarles de Él. Puedes orar por ellas. Puedes mostrarles compasión.

Y quizás la pregunta para nosotros esta mañana no sea simplemente: «¿A dónde quiere enviarme Dios?». Quizás primero debamos preguntar: «Señor, ¿a quiénes me has enviado ya?»

Oración: Señor Jesús, gracias porque viniste como el Salvador prometido, primero para Israel y finalmente para todas las naciones. Gracias porque también nosotros, siendo pecadores y estando lejos de Ti, podemos encontrar salvación en Tu nombre. Danos ojos para ver a las personas que están cerca de nosotros como Tú las ves: como ovejas necesitadas de un Pastor. Danos compasión, valor y oportunidades para hablarles de Tu Evangelio. Ayúdanos a ser fieles en el campo que nos has encomendado y a no despreciar las pequeñas oportunidades que colocas delante de nosotros. Y permite que, a través de Tu iglesia, el Evangelio siga avanzando hasta los confines de la tierra. Amén.

Para tu estudio personal:

  1. Lee Mateo 10:5-6 y compáralo con Mateo 28:18-20. ¿Qué observas acerca de la progresión de la misión que Jesús encomendó a Sus discípulos?
  2. ¿Quiénes son las personas que Dios ha colocado actualmente en tu propio «campo» de responsabilidad?
  3. ¿Cómo puedes comenzar esta semana a orar y hablar con alguna de esas personas acerca de Jesucristo?
Valoración: 5 estrellas
1 voto

Añadir comentario

Comentarios

Todavía no hay comentarios