El reino se ha acercado

Publicado el 18 de agosto de 2026, 0:43

«Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia». Mateo 10:7-8

En los versículos anteriores vimos que Jesús envió a los doce a las ovejas perdidas de Israel. Ahora Mateo nos muestra qué debían hacer cuando llegaran a ellas. Y hay dos elementos que aparecen claramente en estas instrucciones: proclamar y demostrar.

El mensaje era sencillo y poderoso: «El reino de los cielos se ha acercado». No estaban llevando simplemente consejos para mejorar la vida de las personas. Estaban anunciando que Dios estaba actuando de manera decisiva en la historia. El Rey prometido había llegado. Y esto es fundamental para entender el Evangelio de Mateo, porque desde el principio nos está mostrando quién es Jesús: Él es el Rey. Es el Mesías prometido. Tiene autoridad sobre la enfermedad, sobre los demonios, sobre la naturaleza, sobre el pecado y, finalmente, incluso sobre la muerte. Por eso, cuando los apóstoles anuncian que el Reino se ha acercado, están diciendo, en otras palabras: el Rey está aquí.

Jesús también les dio autoridad para sanar enfermos, limpiar leprosos, resucitar muertos y expulsar demonios. Estas señales demostraban de una manera visible que algo extraordinario estaba ocurriendo. El poder del Rey estaba irrumpiendo en un mundo quebrantado por el pecado. Esto nos ayuda a entender por qué los milagros ocupan un lugar tan importante en el ministerio de Jesús y de Sus apóstoles. No eran simplemente espectáculos para llamar la atención. Eran señales que apuntaban hacia una realidad mayor: el Reino de Dios había llegado.

Y eso es importante porque podemos caer en el error de pensar que el milagro es el centro. No lo es. El milagro apunta al Rey. Los apóstoles no fueron enviados principalmente para hacer milagros. De hecho, cuando los discípulos regresaron emocionados porque hasta los demonios se les sometían en el nombre de Jesús, Él les dijo algo sorprendente. En Lucas 10 les respondió: «No se alegren de que los espíritus se les sometan; alégrense de que sus nombres están escritos en los cielos». Es como si Jesús les dijera: No pierdan de vista lo verdaderamente importante. Puedes hacer algo extraordinario y, aun así, perder de vista a Cristo. Puedes experimentar algo impresionante y, aun así, no comprender el Evangelio. Lo verdaderamente maravilloso no es que un demonio huya. Lo verdaderamente maravilloso es que un pecador sea reconciliado con Dios.

Y aquí encontramos también una palabra preciosa en las instrucciones de Jesús: «De gracia recibisteis, dad de gracia». Todo lo que estos hombres tenían lo habían recibido: La autoridad, el mensaje, los dones, la misión… Nada de eso era mérito personal. Y por eso debían ministrar gratuitamente, sin convertir la obra del Reino en una oportunidad para obtener beneficio personal. Así también nosotros, todo lo que tenemos para servir al Señor lo hemos recibido primero de Él… de gracia recibiste, da de gracia. Ahora bien, cuando vemos estas señales aparece una pregunta inevitable: si el Reino ha llegado, ¿por qué todavía hay enfermedad? ¿Por qué todavía morimos? ¿Por qué seguimos experimentando dolor? La respuesta está en comprender que vivimos entre el ya y el todavía no. El Reino ya ha llegado en Cristo, pero todavía esperamos su consumación definitiva. Jesús sanó enfermos, pero aquellas personas volvieron a enfermar y finalmente murieron. Jesús resucitó a algunos muertos, pero esas personas finalmente volvieron a morir. Esos milagros eran anticipos que nos permiten mirar hacia lo que un día será completo y permanente cuando «ya no habrá muerte, ni llanto, ni clamor, ni dolor» (Apocalipsis 21:4) Seguimos experimentando enfermedad, sufrimiento, muerte y lágrimas. Pero también tenemos una esperanza segura.

Así que cuando leas Mateo 10 y veas a estos hombres sanando enfermos, limpiando leprosos y expulsando demonios, no te quedes solamente mirando el milagro. Mira al Rey, mira a Cristo. Y recuerda que el Evangelio que ellos proclamaron sigue siendo nuestra esperanza hoy. El Reino se ha acercado. El Rey ha venido. Y un día Su Reino será plenamente manifestado.

Oración: Señor Jesús, gracias porque Tú eres el Rey y porque en Ti ha llegado el Reino de Dios. Gracias porque, aunque todavía vivimos en un mundo marcado por el pecado, el sufrimiento y la muerte, sabemos que estas cosas no tendrán la última palabra. Ayúdanos a no poner nuestra esperanza en señales, experiencias o cosas temporales, sino en Ti y en Tu Evangelio. Gracias por la gracia que hemos recibido. Enséñanos también a dar de gracia, sirviendo a otros con humildad y generosidad. Y mientras esperamos el día en que ya no habrá muerte, ni llanto, ni dolor, ayúdanos a anunciar fielmente que el Rey ha venido y que Él volverá. Amén.

Para tu estudio personal:

  1. ¿Qué significa para ti que Jesús sea el Rey y que el Reino de los cielos se haya acercado?
  2. ¿Hay algo que estés buscando como fuente de esperanza que debería estar llevándote más profundamente hacia Cristo?
  3. ¿Qué has recibido «de gracia» del Señor que puedes poner hoy al servicio de otras personas?
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