Libres para servir

Publicado el 19 de agosto de 2026, 0:51

«Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia. No os proveáis de oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos; ni de alforja para el camino, ni de dos túnicas, ni de calzado, ni de bordón; porque el obrero es digno de su alimento». Mateo 10:8-10

Jesús quería que Sus discípulos viajaran ligeros. No debían preocuparse por tener todo perfectamente asegurado antes de salir… debían confiar en Dios y depender de Su provisión. Pensemos en lo que eso significaba para aquellos hombres. Habían recibido autoridad para sanar enfermos, limpiar leprosos y expulsar demonios. ¿Cuánto dinero podría haber cobrado alguien por algo así? Las personas enfermas están dispuestas a pagar prácticamente cualquier precio con tal de encontrar alivio. Pero Jesús les advirtió: «No conviertan esto en un negocio». La razón es sencilla: lo que ustedes recibieron fue gratis: No compraron el llamado de Dios, ni el perdón de sus pecados, ni la presencia del Espíritu Santo… mucho menos la esperanza de la vida eterna. ¡Todo lo que tenemos en Cristo lo hemos recibido por gracia! Pero qué fácil es que el corazón humano convierta incluso las cosas espirituales en instrumentos para obtener beneficio personal. Jesús quería que Sus discípulos fueran libres de eso. Pero también quería que fueran libres de otra cosa: la ansiedad material.

Les dice que no lleven oro, ni plata, ni siquiera cobre. Que no acumulen provisiones para el camino. ¿Significa esto que Jesús está enseñando que debemos ser irresponsables con nuestras necesidades materiales? No. Lo que está enseñando aquí es que aquellos hombres debían aprender a confiar en la provisión de Dios mientras cumplían la misión que Él les había encomendado. De hecho, Jesús mismo vivió de esa manera. En Mateo 8, cuando alguien quiso seguirlo, Jesús le dijo: «Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza». Jesús conocía la dependencia del Padre. Y ahora estaba enseñando a Sus discípulos a depender de Él. Así que los discípulos debían salir confiando en que Dios utilizaría a otras personas para suplir sus necesidades.

¿Qué cosas te están impidiendo servir al Señor con libertad? Quizá no sea el dinero. Quizá sea el temor de no tener suficiente. Quizá sea la necesidad de mantener cierto nivel de comodidad. Quizá estás esperando tener todas las condiciones ideales antes de obedecer. Quizá dices: «Cuando tenga más tiempo... cuando tenga más dinero... cuando las cosas estén más tranquilas... entonces serviré». Pero Jesús nos recuerda que el Reino de Dios no avanza cuando finalmente conseguimos tener todo bajo control. Avanza cuando aprendemos a confiar en nuestro Rey. Eso no significa abandonar nuestras responsabilidades. Significa no permitir que nuestras preocupaciones gobiernen nuestro corazón. Jesús lo había dicho anteriormente en Mateo 6: «No se preocupen por su vida, qué comerán o qué beberán, ni por su cuerpo, qué vestirán... Busquen primero el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas». Qué difícil es obedecer esto, ¿verdad? Nos gusta tener garantías. Nos gusta saber cuánto tenemos, cuánto necesitaremos y qué ocurrirá mañana. Pero seguir a Cristo requiere aprender a confiar. Los doce tuvieron que hacerlo literalmente. Salieron sin saber exactamente quién los recibiría, dónde dormirían o qué comerían. Y nosotros también necesitamos aprender esa misma lección, aunque nuestras circunstancias sean diferentes. Quizá Dios no te está llamando a salir de tu casa sin dinero y emprender un viaje misionero. Pero sí te está llamando a vivir de tal manera que tus posesiones no sean tu seguridad. Que tu cuenta bancaria no sea tu esperanza. Que tu trabajo no sea tu identidad. Que tu comodidad no sea tu amo.

Cuando confiamos en la provisión de nuestro Padre, podemos servir con mayor libertad. Quizá hoy necesites pedirle al Señor que te libere de la avaricia. O quizá necesitas pedirle que te libere de la ansiedad. En ambos casos, la respuesta está en el mismo lugar: Mira a Cristo y busca primero Su Reino. Él conoce tus necesidades. Él conoce tu futuro. Y Él es digno de tu confianza.

Oración: Padre celestial, gracias porque todo lo que tenemos lo hemos recibido de Tu mano. Perdónanos cuando ponemos nuestra seguridad en el dinero, en nuestras posesiones o en nuestras propias capacidades. Libéranos de la avaricia y también de la ansiedad que nos impide confiar en Ti. Enséñanos a buscar primero Tu Reino y a utilizar con generosidad todo lo que nos has confiado. Danos un corazón dispuesto a servir, unas manos abiertas para dar y una fe que descanse en Tu provisión. Que podamos decir: «Señor, todo lo que tengo es Tuyo. Úsalo para Tu gloria». Amén.

Para tu estudio personal:

  1. ¿Qué ocupa actualmente el lugar de tu seguridad: Dios, tus recursos, tu trabajo o tus posesiones?
  2. ¿Hay alguna preocupación material que esté limitando tu disposición para servir al Señor?
  3. Lee Mateo 6:25-34. ¿Qué significa en la práctica «buscar primero el reino de Dios y su justicia»?
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