Una vida digna de Cristo

Publicado el 21 de septiembre de 2026, 3:30

“Andad como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra.” Colosenses 1:10

Jesús dijo que una lámpara no se enciende para esconderla, sino para ponerla en un lugar donde pueda alumbrar. Y añadió: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.” Pero ¿qué significa eso en el contexto que estamos estudiando? Significa que, para algunos creyentes, Dios permitirá que el testimonio llegue hasta el extremo. Algunos serán llamados al martirio. Serán puestos en una plataforma, por así decirlo, y aun en medio del sufrimiento y de la muerte proclamarán que Cristo es digno. ¿Haría Dios algo así con uno de Sus hijos? La respuesta la encontramos en el Calvario. ¿Acaso no entregó a Su propio Hijo Unigénito? Cristo sufrió, fue rechazado, fue torturado y murió en una cruz para salvarnos. Entonces, ¿por qué pensamos que Dios jamás podría permitir que nosotros por ser cristianos suframos? No significa que todos seremos llamados al martirio. Pero sí significa que ninguno de nosotros debe aferrarse a esta vida como si fuera nuestra posesión definitiva. Todo lo que tenemos pertenece al Señor. Y, en Cristo, tenemos algo infinitamente mayor: tenemos la eternidad. Por eso podemos vivir libres. Si algún día Dios nos llama a entregar nuestra vida físicamente por Cristo, Él seguirá siendo suficiente. Y si nunca somos llamados a morir por Él, eso no significa que no tengamos que pagar ningún precio. Porque hay ocasiones en las que es más difícil vivir para Cristo que morir por Él.

Morir por Cristo puede ser un momento decisivo. Pero vivir para Cristo significa levantarse cada mañana y volver a entregarle nuestra vida. Significa estar dispuesto a hablar cuando Él nos dé una oportunidad. Servir cuando sea incómodo. Renunciar cuando Él lo pida. Ir donde Él nos envíe. Incluso aceptar que nuestra fidelidad pueda producir división o rechazo. Eso es vivir como alguien que ya no se pertenece a sí mismo. Y aquí aparece una pregunta todavía más profunda: ¿por qué deberíamos estar dispuestos a vivir de esa manera? Porque Él es digno. Apocalipsis 5 nos lleva a una escena impresionante. Juan ve el trono de Dios y un rollo sellado. Se busca a alguien digno de abrirlo, pero no se encuentra a nadie. Y Juan comienza a llorar. Entonces escucha: “No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá... ha vencido.” Y cuando Juan mira, ve al Cordero. Entonces el cielo entero proclama que Él es digno de recibir la gloria, la honra, el poder y el dominio. Cristo es digno.

Nosotros no somos dignos de Él por nuestros propios méritos. Juan el Bautista lo entendió cuando dijo que ni siquiera era digno de desatar las sandalias de Jesús. Pero aquí está la maravillosa paradoja del Evangelio: aunque nosotros no somos dignos de Cristo por naturaleza, Dios nos llama a vivir una vida digna de Cristo. Eso es lo que Pablo expresa cuando dice: “Andad como es digno del Señor.” No estamos intentando comprar nuestra salvación con una vida sacrificada. Cristo ya pagó por nosotros. Vivimos para Él porque Él nos compró a precio de sangre. Por eso Mateo 10 no es simplemente una advertencia sobre persecución. Es un llamado a decidir quién ocupa el primer lugar. ¿Amas a Cristo más que a tu familia? ¿Más que tu carrera? ¿Más que tu comodidad? ¿Más que tus planes? No se trata de amar menos a quienes Dios nos ha dado. Se trata de reconocer que nadie puede ocupar el lugar que le corresponde a Cristo. Así que la pregunta con la que debemos terminar no es: “¿Hasta dónde puedo seguir a Jesús sin que me cueste demasiado?” La pregunta es: “¿Estoy dispuesto a vivir una vida digna de mi Señor?” El mundo puede considerar demasiado costosa esta vida. Pero nosotros sabemos quién es Aquel que nos llamó. El Cordero es digno.

Por eso podemos soltar nuestra vida, nuestros planes y nuestras seguridades, y vivir libremente para Cristo. Tal vez nunca seas llamado a morir por Él. Pero cada día puedes subir a tu propia plataforma: tu hogar, tu trabajo, tu barrio, tus relaciones, tus conversaciones. Y allí, con tus palabras y con tu vida, puedes proclamar que Jesucristo es digno. Ese es el llamado: Vivir para Cristo.

Oración: Señor Jesús, gracias porque Tú eres digno. Reconozco que mi vida no me pertenece; Tú me compraste con tu sangre. Perdóname cuando me aferro demasiado a mi comodidad, a mis planes o a las cosas de este mundo. Dame un corazón dispuesto a seguirte, aunque tenga un costo. Si me llamas a hablar, dame valor. Si me llamas a servir, dame disposición. Si me llamas a renunciar, dame fe. Y si alguna vez me llamas a sufrir por Tu nombre, ayúdame a recordar que Tú eres digno. Que cada día pueda vivir para Ti y que, a través de mi vida, otros puedan ver Tu luz y glorificarte. Amén.

Para tu estudio personal:

Lee y medita en Mateo 10:34-39 y Apocalipsis 5:1-14.

  1. ¿Qué lugar ocupa realmente Cristo en el orden de mis afectos y prioridades?
  2. ¿Qué cosa me costaría más entregar si Jesús me lo pidiera?
  3. ¿Estoy viviendo para Cristo solamente cuando es cómodo, o también cuando seguirlo tiene un precio?
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