La recompensa de una vida fiel

Publicado el 29 de septiembre de 2026, 3:12

«El que recibe a un profeta por cuanto es profeta, recompensa de profeta recibirá; y el que recibe a un justo por cuanto es justo, recompensa de justo recibirá. Y cualquiera que dé a uno de estos pequeños un vaso de agua fría solamente por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa»— Mateo 10:41-42

Efesios 2:8-9 dice que somos salvos por gracia, mediante la fe, y no por obras, para que nadie se gloríe. Ninguna buena obra puede borrar nuestro pecado. Ninguna cantidad de servicio, generosidad o sacrificio puede hacer lo que solamente la sangre de Cristo hizo en la cruz. Pero Efesios no termina en el versículo 9. El versículo 10 dice que somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas. ¿Lo ves? Las buenas obras no son la raíz de nuestra salvación, sino el fruto de ella. No hacemos buenas obras para comprar el perdón; las hacemos porque hemos recibido el perdón y ahora queremos vivir para agradar a nuestro Padre. Por eso Jesús habla de recompensas. En Mateo 10 no está enseñando cómo ganar la salvación, sino cómo deben vivir los hijos de Dios. Y el ejemplo del vaso de agua fría tiene un sentido muy concreto. No se refiere aquí principalmente a una obra de beneficencia hacia cualquier persona necesitada, aunque la Escritura claramente enseña que debemos cuidar al pobre, al huérfano y a la viuda. El contexto habla de recibir y sostener a quienes sirven a Cristo.

El que recibe a un profeta por cuanto es profeta recibe recompensa de profeta. El que recibe a un justo por cuanto es justo recibe recompensa de justo. Y quien da un vaso de agua fría a uno de esos pequeños porque es discípulo de Cristo, no perderá su recompensa. Es decir, Dios está enseñando a Su Iglesia a participar unos en el ministerio de otros. Y para motivarnos, nos recuerda que Él ve lo que los demás no ven. Jesús ya había enseñado esto en Mateo 6. Habla de dar en secreto, orar en secreto y ayunar sin buscar reconocimiento. ¿Y qué dice? «Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará». Después nos manda a acumular tesoros en el cielo. ¿Significa esto que podemos acumular perdón o justificación mediante nuestras obras? ¡De ninguna manera! La salvación pertenece a la gracia. Pero sí podemos vivir una vida llena de obras hechas por fe, en el poder del Espíritu, para la gloria de Dios.

Y aquí encontramos algo precioso: la recompensa misma tiene que ver con Dios.

La mayor recompensa no consiste simplemente en recibir algo de Dios. La recompensa suprema es Dios mismo, Su aprobación, Su presencia y el gozo de haberle agradado. Pablo dice que llegará el día en que el Señor sacará a la luz lo oculto y revelará las intenciones de los corazones; entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios (1 Corintios 4:5). ¡Qué diferente es esto de buscar el reconocimiento de los hombres! Tal vez nadie vio aquella vez que ayudaste. Nadie supo cuánto te costó servir. Nadie reconoció tu sacrificio. Tal vez hiciste algo pequeño que parecía insignificante. Pero tu Padre lo vio. Y esto nos lleva a algo fundamental: Dios no mira solamente lo que hacemos, sino también cómo y por qué lo hacemos.

Podemos hacer grandes cosas sin amor. Podemos sacrificarnos mucho y hacerlo con orgullo, resentimiento o deseo de reconocimiento. Pablo dice que aun si entregáramos nuestros bienes y hasta nuestro cuerpo, pero no tenemos amor, de nada nos sirve. Por eso, no se trata simplemente de acumular obras. Se trata de hacerlas por fe, con amor y para la gloria de Dios. Quizá tu servicio hoy no parece extraordinario. Quizá es simplemente recibir a alguien, ayudar a un hermano, sostener un ministerio, abrir tu casa, compartir lo que tienes o dar un vaso de agua fría. Pero si lo haces porque amas a Cristo y quieres que Su Reino avance, Dios no lo considera insignificante.

Entonces, mientras tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, especialmente a nuestros hermanos en la fe. No busques hacer algo grande para que Dios te vea. Haz con fidelidad lo que Dios ha puesto delante de ti, sabiendo que Él ya te ve. Y un día, cuando estemos delante de Él, la recompensa más grande no será cuánto nos reconocieron los hombres, sino escuchar de nuestro Señor: «Bien, buen siervo y fiel».

Oración: Señor, gracias porque mi salvación no depende de mis obras, sino de la obra perfecta de Cristo en la cruz. Ayúdame a no confundir el servicio con la salvación, ni las buenas obras con aquello que solamente Tu gracia puede hacer. Pero también enséñame a vivir para agradarte, haciendo con fe y amor las obras que has preparado para mí. Que no busque el reconocimiento de los hombres, sino Tu aprobación. Ayúdame a valorar aun las tareas pequeñas y a servir a mis hermanos con alegría, sabiendo que Tú ves lo que otros no ven. Que mi mayor deseo sea vivir para Tu gloria y escuchar algún día: «Bien, buen siervo y fiel». Amén.

Para tu estudio personal:

Lee: Efesios 2:8-10; Mateo 6:1-21; 1 Corintios 4:5.

  1. ¿Estoy haciendo buenas obras como fruto de mi salvación o tratando de obtener con ellas lo que solo Cristo puede dar?
  2. ¿Qué cosas hago buscando el reconocimiento de otros?
  3. ¿Qué servicio pequeño podría estar menospreciando porque nadie lo ve?
  4. ¿Estoy sirviendo por fe y amor, o con orgullo, obligación o resentimiento?
  5. ¿Qué significaría para mí vivir cada día buscando principalmente la aprobación de Dios?
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