«Porque todo lo que hay en el mundo —los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida— no proviene del Padre, sino del mundo» — 1 Juan 2:16
Todos, de alguna manera, anhelamos que nuestra vida tenga importancia. Queremos que lo que hacemos tenga sentido, que nuestra vida cuente, que alguien pueda mirar atrás y decir que hicimos algo valioso. El problema no está en desear una vida significativa. El problema aparece cuando el pecado toma ese deseo y lo convierte en una búsqueda de reconocimiento personal. Ya no queremos simplemente hacer algo grande; queremos ser considerados grandes. Queremos que nos miren, que nos admiren, que nuestro nombre sea conocido. Pero esa clase de grandeza no permanece.
Los hombres pueden construir monumentos, conquistar territorios y alcanzar una enorme influencia, pero tarde o temprano todo eso queda atrás. La gloria humana se marchita. Los nombres se olvidan. Los grandes de este mundo terminan siendo polvo. Sin embargo, en Mateo 11 encontramos algo extraordinario: Jesús va a hablar de la grandeza de un hombre. Y cuando Jesús reconoce la grandeza de alguien, debemos prestar mucha atención, porque Él no se deja impresionar por lo que impresiona a los hombres. ¿Entonces qué considera grande Jesús? Esa será una de las preguntas que nos acompañará mientras recorremos Mateo 11:1-15.
Hasta este momento, Mateo ha dedicado sus primeros diez capítulos a mostrarnos quién es Jesús. Hemos visto que es el Hijo de David, el heredero legítimo del trono; pero también el Hijo de Dios, Emanuel, Dios con nosotros. Hemos escuchado el testimonio de Juan el Bautista. Hemos visto al Padre declarar desde el cielo que Jesús es Su Hijo amado y al Espíritu Santo descender sobre Él. Hemos visto Su santidad cuando enfrentó la tentación en el desierto. Hemos escuchado Su proclamación: «El reino de los cielos se ha acercado». Hemos visto Sus milagros, Su autoridad sobre las enfermedades, los demonios y aun la muerte. Hemos escuchado Sus enseñanzas en el Sermón del Monte y hemos visto a Sus discípulos salir a proclamar el mensaje del Reino. Es decir, Mateo nos ha presentado una gran cantidad de evidencia acerca de Cristo. Y ahora, al llegar a los capítulos 11 y 12, comienza a mostrarnos algo diferente: las respuestas que las personas darán frente a toda esa evidencia. Algunos preguntarán. Otros criticarán. Algunos verán los milagros y, aun así, permanecerán incrédulos. Otros llegarán incluso a oponerse abiertamente a Jesús. Pero en medio de todo esto aparecerá también una invitación llena de gracia: «Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso».
Los capítulos siguientes no solamente nos hablan de Juan el Bautista o de las personas que rodeaban a Jesús. También nos colocan a nosotros frente al Rey. Porque después de escuchar quién es Cristo, después de considerar Sus palabras y Sus obras, llega inevitablemente la pregunta: ¿cuál será mi respuesta ante Él? Y mientras avancemos por esta primera sección (Mateo 11:1-15), veremos también qué significa ser verdaderamente grande a los ojos de Jesús. Quizá descubramos que la grandeza que Cristo reconoce no tiene mucho que ver con aquello que los hombres suelen admirar. Quizá descubramos que una vida puede parecer pequeña a los ojos del mundo y, sin embargo, ser grande delante de Dios. Por eso, en los próximos devocionales no solamente vamos a estudiar a Juan el Bautista. Vamos a preguntarnos qué vio Jesús en él, qué podemos aprender de su vida y, finalmente, qué clase de vida queremos llevar delante de nuestro Señor. Porque la pregunta más importante no es si los demás consideran grande nuestra vida. La pregunta es: ¿qué pensará Cristo de ella?
Oración: Señor, mientras comenzamos a estudiar este pasaje, ayúdanos a mirar la vida y la grandeza desde Tu perspectiva. Líbranos del deseo de ser admirados por los hombres y pon en nosotros un profundo deseo de agradarte a Ti. Que al contemplar a Cristo podamos responder con fe, humildad y obediencia. Muéstranos qué clase de vida tiene verdadero valor delante de Ti y ayúdanos a vivir para que, cuando estemos delante de Ti, nuestra vida sea hallada fiel. Amén.
Para tu estudio personal:
Lee: Mateo 11:1-15.
- ¿Qué significa para mí ser considerado «grande»?
- ¿Estoy buscando más la aprobación de Dios o la de los hombres?
- ¿Qué evidencias de la identidad de Jesús encuentro en Mateo 1–10?
- ¿Cuál ha sido mi respuesta personal ante esas evidencias?
Versículo para memorizar:
«El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido»— Mateo 23:12
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